Introducción


Sexóloga, actualmente dirijo mi atención a trabajar en el amplio campo de la sexualidad para comprenderla, aceptarla, valorarla, expresarla y cultivarla. 
Pretendo que te acerques a este conocimiento desde tus propios valores, y disfrutando del ser sexuado que como mujer o como hombre, eres. Para ello profundizo en los siguientes ámbitos:




1. Identidad sexual (identidades)

El ser biográfico y corporal que se es, cada uno y cada una en su propia experiencia.
El ser sexuado, en hombre y en mujer, en el continuo de ambos sexos y su sinergia.
El término intersexualidad nos ayudará  a comprender esta dimensión, que significa que los dos sexos están potencialmente en cada uno y cada uno contiene un elemento de los dos.
Comprendiendo la riqueza de la diversidad y dialogando con otras propuestas y posibilidades de comprendernos como individuos únicos e irrepetibles.
Hay muchas maneras de ser mujer y muchas maneras de ser hombre.

2. El cuerpo

La cultura occidental, en contra de lo que se piensa, no cultiva el cuerpo, lo castiga. 
Lo castiga con un canon de belleza imposible e irreal: todas jóvenes y esbeltas, en menor medida ahora ellos también. 
Fractura el cuerpo: "me gustan mis piernas pero mi abdomen no"...etc. y, localiza el placer exclusivamente en los genitales o en los orgasmos.
¡Qué mayor castigo para el cuerpo que vivirse carencial! por no responder ni al canon de belleza, ni disfrutar tanto como se supone del coito, ni sentirse a gusto en el cuerpo que uno/a tiene. Pero....¿tengo un cuerpo o soy cuerpo?
Somos sobre todo cuerpo , realidad clave para trabajar la sexualidad.
Integrar el cuerpo que se es y se tiene, experimentando el cuerpo que vibra, que siente y que por eso, es Bello. 
Ampliar la mirada de nuestra corporalidad que huele, sabe, palpita en la piel y con otras pieles, y puede sentir placer en toda su carnalidad.

3. Deseo

Se es en relación e interdependientes y esto no nos reduce la capacidad ni de libertad ni de autonomía. Hombres y Mujeres, se buscan, se necesitan, se gustan, se desean (hombres-hombres, mujeres-mujeres, mujeres-hombres)

La prioridad del deseo no es la búsqueda del placer sino la búsqueda del otro/a diferente a uno/a mismo/a, que a la vez al encontrarse, se redefinen mutuamente.

Patrones culturales determinan muy sutilmente a desear a ciertas personas y no a otras,  así como recibir placer de cierta "manera" y no de otras.
Del deseo se habla poco, pero es el motor que impulsa hacia la otra persona. "El deseo es el germen del amor" (R. Scruton)

Deseo de encontrarse que es el significado de coito (ir con). Encontrarse con otra persona distinta, que por distinta, es deseable.

Lo que gusta es amplio y diverso, no hay deseos malos ni buenos, ni normales o no normales. Las fronteras en relación a los deseos, las pone cada individuo, y cuando se está en una relación erótica, desde la complicidad y los límites de uno y de otro.

La vulnerabilidad del ser humano es lo que acerca unos a otros. Es la fragilidad lo que impulsa a buscarse. Al mirarse sin máscaras se puede ver belleza en vez de ilusión.

La seducción son los gestos y maneras de agradar al otro/a. Para mí esta es la clave del cultivo de las relaciones. Incorporar la seducción como acción de agradar, desde esos gestos y maneras que cada persona tiene y es.
La seducción es el cultivo del amor. El amor-Eros- que no se agota si lo cultivamos.


4. Placer (-es)

Eroticemos los cuerpos y las relaciones.
Bajo el lema de la prisa por la práctica se ha robado el tiempo y el espacio de la "espera erotizante" (E. Amezúa), de esa primacía del buscarse antes de recibir placer. 

Por la urgencia de la inmediatez se empobrece el Deseo.

Precisamente en plural, placeres, porque lo que gusta es diverso y cambiante. Permitirse experimentar y crear desde uno mismo/a, con esa otra persona deseada.

En la aventura del encuentro, el coito, el orgasmo, es un alto más en el camino, pero no tiene porqué ser la meta exclusiva. En todo caso si hay meta podría ser aquello que gusta en el juego e intimidad que se establece con la otra persona, o con uno mismo/a.

La voluptuosidad del cuerpo que se es, puede replegarse cuando se impone el coito como el patrón único del encuentro.

"En los brazos del amante se sabe donde se empieza pero no dónde se acaba" (Amezúa)

5. El cultivo de las relaciones

Ir al encuentro de la otra persona desde el deseo propio y del otro/a, desde la curiosidad, recuperando la piel, el juego, la ternura.
Juntas en todas sus combinaciones, mujeres y hombres, pueden recrear lo que apetece. Para ello jugar a descubrir sin ocultarse, sin tener que representar un papel determinado. Es la vulnerabilidad lo que nos acerca.

"Lo que posibilita el encuentro no es cumplir sino las ganas de compartir".

La sexualidad es un valor y como tal se puede cultivar.